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Columna

Fuego Verde y el prestigio nacional

“En política y cultura, estabilizar el significado de identidad nacional siempre ha sido una obsesión del poder por controlar todo lo que la gente imagina...”.

RICARDO CHICA GELIS

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“Fuego verde” (1954) es una película dirigida por Andrew Marton y protagonizada por Stewart Granger, Paul Douglas y Grace Kelly, quien poco después se convertiría en princesa de Mónaco al casarse con el príncipe Raniero III. Se trata de una de las primeras experiencias de filmación de cine industrial de Hollywood que llega a nuestro país y donde aparece Cartagena.

En el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla no cabían de contentos con la oportunidad única de promover el prestigio nacional. El jefe de la Oficina de Información y Propaganda de la Presidencia era el bogotano Jorge Cabarico Briceño, distinguido miembro de la élite santafereña, quien tenía claro que la edificación del prestigio de la nación pasaba por proyectar una imagen moderna y civilizada. Da cuenta de ello una nota que firmó Cabarico en Cinema Reporter, revista mexicana especializada en cine, en su número 827 del 22 de mayo de 1954. En su nota sobre ‘Fuego Verde’ aparece una fotografía de Grace Kelly y Paul Douglas durante la realización de una de las escenas. Jorge Cabarico señaló que la película serviría para proyectar la imagen de un país que se modernizaba rápidamente, “lo que se evidenciaba en la formación de sus grandes ciudades y la cultura de sus gentes, en especial las de la zona andina”.

Cuando se proyectó la película, Colombia aparece como “un país atrasado, violento e indígena”. La queja de Cavarico Briceño no se hizo esperar y reportó el envío de notas diplomáticas de protesta a la Embajada de Estados Unidos: “Protestas por una cinta de la M.G.M. (...) La película pretendió dar una idea de lo que es en nuestro medio la explotación y el negocio nacional e internacional de esmeraldas, piedra preciosa característica de nuestro país. Pero lo señores de la Metro, con un sentido absolutamente inconsulto, desfigurándolo todo, trastocando la verdad, presentaron a Colombia como un país salvaje en el cual sus habitantes deambulan todavía con plumas. (...) Por todos estos motivos, llenos de insensatez, la Metro se ha granjeado la antipatía del público colombiano (...)” (CABARICO, Jorge. Sección Cine en Colombia en Cinema Reporter, junio 5 de 1954, página 22).

Para la visión europeizada del bogotano Cabarico, el prestigio de Colombia ante el concierto internacional suponía mostrarnos como una nación mestiza y sin pluralidad étnico-racial. Por su parte, la visión imperial del cine de Hollywood ubicaba a Colombia en la periferia del mundo, donde el aspecto étnico-racial es una condición de la inferioridad y sin prestigio alguno.

En política y cultura, estabilizar el significado de la identidad nacional siempre ha sido una obsesión del poder por controlar todo aquello que la gente imagina, en especial, cuando se trata de imaginar una nación.

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