Las versiones más auténticas de ‘No More Auction Block’ y ‘Senzeni Na’ —cuya filiación ocupaba la columna anterior—- son respectivamente las de Sweet Honey in the Rock y el Cape Town Youth Choir. Ambas interpretaciones recrean las cualidades sonoras de los originales dentro de los contextos modernos de un auditorio o un estudio de grabación, considerando que las raíces de ambos temas son anteriores al fonógrafo de Edison. Además de impeler el interés etnomusicológico por documentar paisajes sonoros específicos, las incipientes tecnologías de grabación sonora se erigieron pronto en herramientas testimoniales con gran capacidad de incidencia cultural y sociopolítica.
Los primeros trabajos fonográficos estadounidenses, emprendidos desde 1895 por Alice Fletcher, se centraron en registrar cantos de los pueblos autóctonos norteamericanos. No hubo registros del folclor afroamericano sino hasta mucho después, cuando el profesor John Lomax enviudó en plena Gran Depresión y debió reorientar su carrera con 65 años. Apoyado por sus hijos Alan, Bess y John, emprendió una enorme labor de campo que lo llevó a realizar más de 10.000 grabaciones, notablemente en los estados sureños y las Antillas. Inquieto por recopilar artefactos genuinos —-impolutos por la naciente industria discográfica— y preservar un patrimonio fragilizado por las leyes Jim Crow, Lomax buscó música afroamericana allí donde estaba más presente: en las cárceles.
Pese a la enmienda de Lincoln a la constitución estadounidense, la abolición titular de la esclavitud no comenzó a reflejarse en las vidas de los afroamericanos hasta por lo menos un siglo después. El colapso del modelo económico esclavista motivó la criminalización sistémica de libertos, usándose un vacío legal en la 13a enmienda para recuperar el monopolio coercitivo de su fuerza laboral. La conspicua disparidad racial en la justicia penal de ese país persiste hasta hoy, evidenciándose su rol en la perpetuación de una economía dependiente de un racismo subrepticiamente institucionalizado.
Desde 1933, los Lomax instalaron sus equipos de grabación en penitenciarios como el estatal de Luisiana —apodado “Angola”— donde inmortalizaron a la leyenda del blues Leadbelly, entre otros. Siguiendo la prolija labor archivística de su padre, Alan grabó a una cadena de presidiarios entonando la canción de trabajo ‘Black Woman’ en una cárcel de Misisipi en 1948. Al ritmo de picos y palas cayendo con inexorable coordinación, las voces profieren un lamento estremecedor que exhibe rasgos comunes con otros cantos de resiliencia de ascendencia africana: estructura de llamada y respuesta, evitación melódica del tiempo fuerte (representado por el mismo golpe del trabajo forzoso), armonía modal, polifonía imitativa improvisada, y sentido indefectible de ubuntu.

