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Columna

Confianza, capital y progreso

“Si queremos que compañías y grandes fondos vean en nuestro territorio un puerto seguro, la salud reputacional debe ser innegociable”.

Jackeline Pájaro López

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En el complejo tablero de la inversión global, las reglas del juego han cambiado. Ya no basta con ser un destino atractivo por geografía o incentivos. Hoy, el capital fluye hacia donde hay resiliencia y una gestión responsable de los riesgos sociales. En este escenario, Cartagena y Bolívar enfrentan un gran desafío en 2026: el éxito no dependerá solo de la magnitud de los recursos que organizaciones públicas y privadas estén dispuestas a destinar, incluso en un contexto de incertidumbre, sino de la confianza que sepamos inspirar para atraer inversión y cooperación.

Aquí es donde el tercer sector, y en especial las fundaciones corporativas, juegan un rol determinante como apalancador de capitales. El estudio de Villafañe, La reputación de las fundaciones corporativas, plantea una hoja de ruta clara. La fundación ideal no es la que más invierte, sino la que mejor demuestra el valor de lo que hace. Su legitimidad se construye siendo “transparente, profesional, eficiente y humana”, combinando rigor empresarial con sensibilidad social genuina.

En su segunda edición en España, el estudio destaca como valores reputacionales mejor calificados: Transparencia, Gobernanza, Impacto, Visibilidad e Innovación.

Sin embargo, revela una brecha crítica: el 68 % de la población no recuerda haber visto información sobre fundaciones corporativas, aunque el 71 % manifiesta interés en conocerlas. Esta desconexión representa un riesgo reputacional silencioso pero contundente. Si no nos ven, no existimos en el imaginario de la confianza ciudadana. Como señala el informe: “La visibilidad es el puente entre la acción y el reconocimiento social”.

Para el sector fundacional corporativo colombiano, estos datos son una referencia clave al tomar decisiones estratégicas.

Una comunicación empática y constante permite que el ciudadano pase del desconocimiento a la validación, convirtiendo la inversión social en un activo de reputación compartida.

Los retos para 2026 incluyen rendiciones de cuentas inspiradoras. Si queremos que compañías y grandes fondos vean en nuestro territorio un puerto seguro, la salud reputacional debe ser innegociable. Innovar en proyectos y procesos, acotar los ejes estratégicos y evitar la dispersión también contribuye al prestigio.

Cartagena debe prepararse para fortalecer esa confianza que atrae capital. Contamos con visión global y talento local. Iniciar un nuevo año obliga a mirar más allá de las cifras de ejecución. En el ecosistema social y empresarial actual, ya no basta con “hacer el bien”; es imprescindible gestionar cómo ese impacto es percibido y validado por la sociedad.

*Estratega en reputación, comunicación y marca.

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