Están sentados en taburetes de cuero recio, bajo la sombra dulce de un matarratón florecido. Son las seis de la tarde y la brisa suave del verano acaricia sus rostros entrados en años. Toman café cerrero con un toque de toronjil y canela, de forma pausada y tranquila. Dejaron de verse desde los agitados años de universidad, medio siglo atrás. Desde entonces cogieron rumbos diferentes, pero nunca perdieron la comunicación manuscrita, el hilo telefónico, los mensajes llevados por otros conocidos. Sus bríos de librepensadores están intactos. Su refugio sigue siendo la lectura. El escepticismo y algo de estoicismo les marcó el camino.
-“He conquistado la sima” -dice el de cabello ensortijado-. Ahí me siento, en lo profundo. Me consume una sensación de confusión y desasosiego. El abatimiento alimenta mi alma al constatar que la humanidad marcha como una nave sin destino. Más allá está la hecatombe, es desesperante saber que no puedo hacer nada para evitar lo que mis ojos ven y mi corazón siente. La confianza desapareció de mi ser”.
-“No estás errado”- dice el de gafas oscuras y barba entrecana. Se advierte un caos avanzando, sin contención, por todos lados. Los líderes parecen haber perdido la razón. Han roto todos los pactos, los acuerdos de civilización. La política se volvió negocio ruin y turbulento. La honradez se escabulló por las hendijas del descaro. La moral dejo de ser guía, para convertirse en solo una mata de mora. La corrupción se adueñó de las conciencias. El dinero, bordado con hilos de podredumbre, se tornó en religión”.
Admiten que, a pesar de los llamados a la cordura, su hermoso país ha sido incapaz de superar las desgraciadas cargas de odio y venganza que lo han martirizado a través del tiempo.
-“No hemos tenido sosiego desde las barbaries del siglo diecinueve”- se queja retomando la palabra el de la barba enroscada. Y luego la gran Violencia de los 50 nos llevó a la locura. Las guerrillas, que enarbolaron la esperanza, perdieron el norte. Cuando el narcotráfico llegó, arropó con su manto de depravación y crímenes los entresijos de la nación. Los paramilitares solo crecieron el horror, amparados por poderosos en las sombras”.
- ¿Crees que esto cambiará?
- Lo dudo. Mira más allá de tu esperanza y solo hallarás miserias.
-Pero nosotros hemos vivido la vida a plenitud, más allá de la sinrazón.
¿Pero qué les aguarda a los nietos?
-Cállate la boca. Mejor dame un abrazo.
Llega la noche. Y con ella el silencio.

