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Columna

Abrir los ojos para ver

“Todos somos responsables de los fuegos que atizamos o de la serena actitud crítica que genera la paz...”.

Ignacio Antonio Madera Vargas

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Parece una cacofonía el título de esta reflexión, porque es evidente que si abrimos los ojos es para ver, pero el texto del evangelio de Lucas que nos ofrece el denominado discurso programático de Jesús ha estado taladrando mi pensamiento a raíz de los graves y muy serios acontecimientos de los últimos días en el continente y en el país hermano y vecino: “El Espíritu del Señor sobre mí porque me ha ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19). Me parece que no está siendo fácil ver, quizá sea necesario dejarnos abrir los ojos por Jesús.

No dejan ver los intereses que se defienden de un lado y del otro, de una orilla del poder a la otra, de una justificación de lo injustificable y de un retorno de las ideologías del fin justifica los medios, de la violencia como método y de la ausencia de misericordia para con los muertos de una parte y la alegría porque de la otra no hubo una sola víctima. Y es necesario ver para que no me ubiques de inmediato de lado de una de las trincheras ideológicas, en la obsesiva parcialidad que no quiere ver que el Espíritu ha estado sobre Jesús para que nuestros ojos vean más allá de las apariencias, disciernan con serenidad y ponderen que el año de la gracia se sigue anunciando, es decir, la presencia y la acción de Dios hablando. ¿Qué nos dice todo esto?

La santa Iglesia busca ser iglesia sinodal, es decir, capaz de escuchar los distintos pareceres y las distintas opciones, de ver con ojos despiertos y oír con oídos abiertos para saber discernir y saber ir a los sentidos ocultos tras los sentidos aparentes. Qué difícil nos va a resultar como Iglesia asumir esta dinámica propia de una comprensión de nuestras vidas como parte del pueblo santo fiel de Dios, que tanto repitiera el papa Francisco en sus continuas exhortaciones a la humanidad y a la catolicidad.

Saber interpretar los signos de este tiempo para no colocarnos de inmediato en actitud fanática de una parte o de la otra, sino develar los intereses y situarnos críticamente, es no solo sensato, sino necesario para no seguir ahondando en las brechas generadas por tanta palabra insultante y tanta pasión desordenada.

Las sorpresas del presente no nos encuentren desprevenidos sino atentos y vigilantes a la escucha de la palabra de aquel que nos señala que el año de la gracia ha llegado, que la vida puede más que las fuerzas de la muerte y que la sinodalidad es una exigencia de este siglo para poder esperar y confiar que la Escritura se sigue cumpliendo hoy. Todos somos responsables de los fuegos que atizamos o de la serena actitud crítica que genera la paz que estamos llamados a buscar entre confusiones y perplejidades

*Teólogo salvatoriano.

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