En una entrevista con Patricia Lara hace dos años, en la que hablaron sobre la guerra en Ucrania y la campaña de Sergio Jaramillo, Aguanta Ucrania, Laura Restrepo dijo: “Me parece criminal [se refiere a la campaña]… Lo que tienen que hacer es negociar… Respetar tratados anteriores que se hacían, que se habían hecho y que se rompieron sistemáticamente”.
El 20 de diciembre Trump dijo lo siguiente sobre cómo terminar la guerra de Ucrania: “Que se corte de la manera en que está. Está cortada ahora mismo, que se deje de la manera como está. Pueden negociar algo más adelante”. Laura Restrepo y Donald Trump no pueden estar más de acuerdo: ambos se refieren a negociar para que Ucrania ceda el Donbas a Rusia.
Entonces queda claro que el encono que la motiva a vetar a María Corina Machado del Hay Festival no puede ser por Trump, sino su simpatía, la de Restrepo, por el régimen chavista.
Pero también debe ser por el delirio de grandeza que siempre ha tenido el M-19, grupo al que Laura Restrepo es muy afín, lo que la lleva a ella a tener este arribismo y esta envidia que le amarga su existencia: hoy es consciente de que nunca tendrá la magnitud de María Corina. En términos de la tragedia griega, María Corina Machado es comparable a Antígona, y es de lejos la heroína trágica más grande que ha dado Latinoamérica:
Privilegiada (sus antepasados eran muy cercanos a Bolívar, -sí, el Bolívar que venera el Socialismo del siglo XXI, para más ironías y envidias-), educada, honesta, con un propósito de grandeza, desobediente y emancipadora; y ha quedado sola, y se sacrifica, y la han traicionado, y se ha equivocado. A diferencia de Antígona, María Corina no ha pagado con su vida, pero solo porque no la han atrapado; bueno, tendría que haber un antagonista a la altura de Creonte.
Más que la doble moral, o la relatividad moral, o la superioridad moral, de Laura Restrepo, de lo que escribirán aún más, lo que me impresiona es cómo su odio y envidia la han llevado a sacrificar lo que debe prevalecer en todo narrador: la curiosidad. Más aún, me atrevo a decir que la curiosidad debe prevalecer sobre la moral -pregúntenle a Nabokov-. Y ahora que me pongo a pensarlo, Laura Restrepo también hubiera vetado a Nabokov, no por Lolita, sino por ridiculizar la burguesía soviética, y hubiera vetado a Borges por recibir un premio de Pinochet, y a Proust y Kafka por ser judíos: no los hubiésemos visto en el Hay, si fuera por ella.
A uno puede no gustarle su excesiva religiosidad, que le resta dimensión de estadista, o su subordinación a Trump, pero María Corina tiene una grandeza histórica solo comparable a la de Bolívar, que también fue un héroe trágico. Con la caída de Maduro, todo: sus contrastes, sus logros y sus errores y su presencia tan cercana, me llena de una curiosidad casi morbosa.
