Hace mucho escuché de Pedro Luis Mogollón, a la sazón director de El Universal, la parábola de “El Balde de cangrejos”. Decía él que no es necesario ponerle una tapa a un balde lleno de cangrejos puesto que, en vez de trepar uno sobre otro, ayudarse y trabajar en equipo para escapar del balde, cuando un cangrejo trata de subir, los de abajo lo jalan y lo hacen caer, y todos quedan sin salida. El símil pretendía explicar décadas de atraso, falta de sentido de pertenencia, el individualista “sálvese quien pueda” y el casi nulo espíritu comunitario que imperaban en Cartagena. Así surgieron campañas de mejoramiento.

Las ideas se discuten, la dignidad de las mujeres se respeta
Wilson RuizLa metáfora, convertida en cruda realidad, nos describía tan perfectamente que creí que había surgido en Cartagena. Sin embargo, el héroe nacional filipino José Rizal, hace casi 150 años, describió la “mentalidad de cangrejo” del pueblo filipino como una cultura de envidia y autodestrucción que perpetuaba el opresor yugo español. Luego, BT Washington y WL George, escribieron sobre “los cangrejos en un barril” y “la cesta de cangrejos” para explicar comunidades autodestructivas. Más recientemente, Chalbaud asemejó la Venezuela de hace décadas con la “mentalidad de cangrejo”.
La falta de liderazgo, la interinidad, la sucesión vertiginosa de alcaldes, la corrupta verborrea destructiva y los inanes lustros perdidos en el Palacio de la Aduana contribuyeron al desgreño y rancio desaliño. Hace ocho años escribí aquí mismo que estábamos a punto de voltear el balde boca abajo y quedar todos sepultados y que con urgencia requeriríamos de varios cuatrienios de liderazgos constructivos para cambiar la mentalidad y salir del balde.
Algunos buscarán sombras y desaciertos en la alcaldía de Dumek Turbay. Independiente de los buenos indicadores que muestran los expertos y de logros en educación, salud, malla vial, parques y las mega obras en construcción, el optimista de siempre nunca imaginó que en solo dos años se lograría un cambio tan dramático que se siente y se vive en la rutina diaria y que quienes nos visitan resaltan admirados, maravillados y con sana envidia; todo está resumido en hermosas postales que corren por redes sociales sobre las festividades desde noviembre a esta parte. Miles de turistas y decenas de miles de cartageneros disfrutaron orgullosos en paz y seguridad. Pero ese intangible que es el orgullo, el sentido de pertenencia, ese aire renovador y de esperanza que por estas calendas muchos respiramos, obliga a que todos sigamos construyendo cultura ciudadana y ser los superciudadanos que La Fantástica merece; el camino es largo. Entre tanto, solo resta agradecerle al alcalde que rompió el balde.
