Me niego a contar todos los detalles de cómo sacaron a Maduro de la cama el sábado pasado. Hechos grotescos se dieron en la alcoba de acero, según cuenta el único cubano ileso de la escolta presidencial tras la captura de Nicolás y Cilia, su mujer.
Apenas tuvieron tiempo para ponerse unas finas sudaderas Nike Tech y unas sandalias italianas. El “puya ojo” cubano tocó la puerta en clave. Traía, como siempre, la jarra de guarapo de papelón y unas arepas de Cojedes para Cilia. Ya la Delta Force había dado de baja a 32 compañeros suyos, todos de la vieja escolta armada experta en asesinar venezolanos indefensos en las manifestaciones de la oposición.
Ya acomodados en el helicóptero, Nicolás se cruzaba una mirada con Cilia. Las esposas sonaron como morrocotas cuando se frotaba el índice con el pulgar y en baja voz decía:
“¡La plata!, ¡hay traición!, pienso que uno de los tres o los tres juntos”.
Surgió la noticia y Trump anunciaba la captura al mundo. Diosdado, el más “cañero” del trío, con casco y chaleco, no se sabe a quién pensaba enfrentar. Uno de sus acompañantes miraba hacia todos lados para salir corriendo ante el primer disparo. Padrino, más cuidadoso que todos, a pesar de contar con las fuerzas armadas, acabado de levantar, se puso camisa y gorra encima de la piyama y empezaba a pedir serenidad. Delcy, muy madurista, maneja los acuerdos con Trump. Nadie sabe los términos, pero confiarse de ella sería una ingenuidad. Trump le conoce su pasado, el de su hermano y lo que aprendieron del curtido progenitor.
Para Trump, María Corina no tiene respaldo ni liderazgo. Salieron de Venezuela sus apoyos y los que se quedaron temen al régimen. Tantos meses esperó la flota naval frente a las costas sin sentir una sola reacción. Por ahora, el plátano está para patacón.
Ya comenzó el juicio y están vigentes varias recompensas, cualquier sorpresa se puede dar, en un clima de desconfianza e inseguridad. Ver a su presidente preso, asusta a los chavistas más recalcitrantes, aquellos que no quisieron entregar el poder cuando perdieron las elecciones. Hay mucho que aprender en los asuntos de política y gobierno. Aceptar los resultados electorales es sagrado, nada puede más que el mandato del pueblo. Así le ha pasado a Maduro cuando no quiso soltar la sartén y se le han quemado todas las tajadas. El petróleo en Venezuela despierta el sentimiento de su gente al margen de las ideologías políticas. Tendrán que manejar con cuidado ese recurso para garantizar la paz y la tranquilidad. Será largo y tortuoso este camino, donde también se asoma el Essequivo.
