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Columna

Cantos de Ubuntu

“Ingresando en lo simbólico, la melodía rebasa su intención espiritual y deviene un potente artefacto social...”.

Francisco Lequerica

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La evangelización masiva de africanos, tanto en su continente de origen como en los territorios a los que fueron desplazados, fijó ciertos paradigmas —como la armonía coral a 4 voces— que derivan del concepto luterano de la función musical litúrgica. El sincretismo entre himnario protestante y cantos tradicionales del África subsahariana originó géneros como el espiritual negro estadounidense, surgido en las infames plantaciones sureñas. La ausencia de instrumentos, entre otras condiciones de la esclavitud, obligó a la expresión a capella con el contrapunto exclusivo de pies y manos. En las voces de la diáspora, el lenguaje litúrgico europeo adquirió características híbridas —como la estructura de llamada y respuesta— que lo predispusieron como medio ideal para resistir a la opresión.

En este repertorio, el sentido ético de ubuntu como noción comunitaria de una experiencia compartida, se manifiesta en el paralelismo conductivo de las 4 voces —algo proscrito en la praxis coral europea—, encarnando unidad propositiva y confiriendo a la textura coral un registro solidario y resiliente. El himno ‘I WIll Overcome Someday’, escrito por el pastor metodista Charles Tindley en 1901, fue radicalmente alterado a base de injertos con otros espirituales —como ‘No More Auction Block’, aún anterior, del que Dylan derivase su ‘Blowing In The Wind’— hasta convertirse en el himno de los derechos civiles conocido como ‘We Shall Overcome’. Ingresando en lo simbólico, la melodía rebasa su intención espiritual y deviene un potente artefacto social capaz de instigar progreso, como martillo de Brecht.

En Sudáfrica, país de imponente pluralidad étnica y cultural, el canto coral se practica con el fervor de un deporte nacional, cristalizado en su himno que se canta en 5 lenguas (de las 12 oficiales) a 4 voces, y que está entre los más bellos. La usanza sonora traída por misioneros se adaptó a las músicas tradicionales de zulúes, xhosas, y demás pueblos, resultando en géneros como el mbube (recuperado por Disney en ‘El Rey León’) y el isicathamiya, de carácter más sosegado. Bajo el azote del apartheid, estos géneros cobraron valor como vectores de sanación colectiva y de resistencia no violenta. Aunque menos influenciado por la música europea, nuestro bullerengue también nace de ese dolor que con dignidad enfrenta.

Común en las protestas y en los funerales de quienes lucharon contra el régimen —Biko y Mandela entre tantos—, el tema ‘Senzeni Na’ ocupa un lugar privilegiado en la historia sudafricana. Mostrando su parentesco con ‘We Shall Overcome’ tanto en contenido como en finalidad, ‘Senzeni Na’ es engañosamente simple para la hercúlea carga emocional que sostiene: un ubuntu vinculante que transfigura el mundo. A medio siglo de la Masacre de Soweto, aún necesitamos música así.

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