No está claro cómo Crescencio Salcedo, analfabeto absoluto, escribió canciones inmortalizadas en el alma de Colombia y que trascendieron generaciones y fronteras. Mientras fabricaba gaitas y flautas o caminaba descalzo, compuso muchas coplas, algunas que otros se robaron. Cuando esta noche se escuchen las mismas canciones de siempre, no existe la más mínima posibilidad que entre ellas no suene el “Yo no olvido al año viejo”. En un desliz filosófico sin parangón, propio de estos días de ocio, molicie y divertimento, la letra nos invita a pensar en las mil y una razones para no olvidar este año que hoy acaba. Y es que durante esos tres eternos minutos que dura la canción del hijo de Palomino quien la escucha puede pensar en tres interminables años y en el 2025 para reflexionar en lo que nos dejó. Resulta fácil, y tal vez ese es el mérito y la intención de Crescencio con su cumbia hecha canción, ponernos a pensar en nuestro año mientras nos cuenta que a él le dejó la chiva, la burra negra, la yegua blanca y una buena suegra. Y por ello repite el mismo sonsonete seis veces para insistirnos en que al final deberíamos ser más concretos y objetivos en ese burdo balance de fin de año.
Independiente de la obligatoria evaluación individual, y según el CICR de la Cruz Roja, la oficina de derechos humanos y la prensa, a Colombia, este ya decrépito 2025 la deja -juzguen ustedes cuál es la chiva, la burra, la yegua o la suegra- con una paz total que vino, la muy socarrona, con beligerante verborrea, intensificación de violencia, renacimiento de desplazamientos forzados, indiscriminadas emboscadas, ataques terroristas a lideres sociales, civiles y militares y hasta un magnicidio.
Muchos creen que la yegua blanca se la robaron en medio dí la corrupción rampante y el desgreño administrativo en que queda este descuadernado país.
Algunos insolentes dirían que la chiva y la inane oposición se dejaron contagiar con el metaverso de odio con que nos embaucaron desde la Presidencia para abajo en una nación famélica de liderazgo. Los optimistas de siempre diríamos que la reforma agraria, la inflación controlada, el crecimiento económico, la desaparición del desempleo, la mejoría de infraestructura educativa, la gigantesca industria turística, el liderazgo internacional en cambio climático y derechos humanos son la mejor chiva del 2025. La buena suegra sería ese halito de esperanza y sentido de pertenencia que han sembrado en Cartagena y Bolívar los respectivos gobernantes. Los cínicos de siempre piensan que el 2025 y los gobernantes con el sol a las espaldas nos dejaron sin chiva, sin burra, sin yegua y sin suegra y que con tal de que se vayan... que les vaya bien.
*Profesor en la Universidad de Cartagena.

