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Columna

Altercado pre festival

“La lucha de la Machado es para liberar al pueblo del sometimiento por parte de un ladrón de democracias...”.

Mauricio Ibáñez

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El rechazo de asistir a Hay Festival por parte de la escritora colombiana Laura Restrepo generó el primer conflicto de este encuentro cultural, en donde es normal y esperado que se generen discusiones durante las charlas, pero no antes. Me recordó una pelotera de niños en donde Azucena se negó a ir a la fiesta porque invitaron a Filomena.

Justamente Hay Festival es una ayuda para imaginarnos un mundo donde las ideas puedan ser ventiladas, como chubascos regando un jardín. El comentario de Laura sobre la invitación a una mujer tarzánica como Machado como ponente: “… No se le puede dar tarima ni facilitar audiencia a quien promueve posturas y actividades a favor del sometimiento de nuestros pueblos en contra de la soberanía de nuestros países”. No es más si no observar las noticias y leer los periódicos durante una semana para darse cuenta de qué tan distantes están de la realidad quienes se mantienen en la posición romántica sobre el concepto abstracto de la soberanía, y de cómo el famoso sometimiento solo aplica para el ojo miope.

Según Google, la soberanía se entiende como la autoridad máxima que reside en un una nación o un Estado sobre su territorio y población. Es el fundamento de la independencia estatal y la base de la legitimidad política, garantizando que las decisiones de un país provengan de su propia voluntad y no de imposiciones externas.

Pero no puede un gobierno esconderse bajo ese pretexto magno y hacer lo que le da la gana con su pueblo y, sobre todo, con su democracia. Precisamente la lucha de la Machado es para liberar al pueblo del sometimiento por parte de un ladrón de democracias, de ilusiones y libertades. Sorprende la posición de la escritora.

La única soberanía por la que vale la pena luchar es aquella que le permite al pueblo moverse libremente por las tierras de su patria, en medio de un ambiente principalmente seguro, sin miedo a ser atropellado ni por sistemas nefastos y autodestructivos, ni por los violentos, y en cambio provee un sistema dirigido por líderes inspiradores que inviten a mejorar poniendo de frente oportunidades de verdadero progreso duradero en favor de su pueblo, y que inspire tanto sentido de pertenencia que puedas estar orgulloso de decir de dónde vienes.

Por eso, siempre que leo todo ese romanticismo barato con que a veces se pretende investir el término soberanía, como si fuera el más sensible e intocable símbolo patrio, solo puedo preguntarme, ¿de qué diablos están hablando? ¿Qué dirán los millones de venezolanos y de cubanos forzados a migrar o a convertirse en pobres por ese sometimiento, sobre la tal rimbombante soberanía? ¿Se puede ser soberano y subyugado al mismo tiempo?

Bienvenida, María Corina, y hasta la vista, Laura.

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