Estamos a finales de 2025 y en Colombia hay más precandidatos presidenciales que puestos de empanadas. La meta es 2026, pero el camino parece un ‘Sábados Felices’ con presupuesto nacional. De política no sé nada, nada sé, de partidos políticos mucho menos; sin embargo, sin ser ignorante (hice mi bachillerato), aunque ustedes no lo crean me gradué con honores, y los cartones que cuelgan en mis paredes son los golpes de la universidad de la vida, lo que pasa es que la misma necesidad, esa que nos toca afrontar, nos va llevando por caminos diferentes y no todos somos competentes para lo mismo, por eso nunca pensé en lograr un alto cargo público.
Para atreverse a lanzarse a candidato hay que ser sagaz, piloso, creativo y hasta oso meloso, y por supuesto inteligente. Veo en los periódicos y la televisión una cantidad de propuestas y cosas extrañas, qué de ser verdad supongo ya estaríamos en otras condiciones. La forma en que los candidatos a la Presidencia están utilizando el tema de la paz para conseguir adeptos a su causa, no es sino una confirmación de su poco o ningún compromiso con la necesidad que tiene este país de superar esta carnicería.
El juego de las palabras y sus acepciones enredan al incauto y volvemos a caer en la dulce tentación de promesas fallidas. Por otra parte, también se debe explicar de dónde van a sacar la plata para alcanzar tan rápido ese estado ideal utópico, que sólo ha existido en la imaginación de los socialistas, pero que la misma realidad de la conducta humana, descarta. La política me pone la piel de gallina y me fastidia tanta blabladera.
Cada cándido postulado quiere sacar su nombre al ruedo, ensuciando con agua de alcantarilla a sus contrincantes, ya no saben por dónde atacarse los unos a los otros, que forma verdulera en sus cartas de presentación y mientras eso pasa, no se dan cuenta del error garrafal que están cometiendo, porque a pesar de que la política en nuestro país es sucia y para hacer política se enhebran artimañas, en estas pugnas ridículas y denigrantes, ¿en qué se diferencian unos de otros, si lo que están mostrando son sus cualidades personales y no están mostrando propuestas para combatir los problemas generales del país? Entra un influencer con un aro de luz: “¡Hola, mis amores! El partido me dio el aval para el Senado, porque tengo 5 millones de seguidores. Mi propuesta es cambiar el Himno Nacional por un ‘trend’ de TikTok. ¡Voten por mí!”. Sean serios por favor.
Mientras tanto el dólar sube, las cosas encarecen, la canasta familiar carga solo huevos, los delitos se revisan con lupas de juguete y el ciudadano de a pie se pregunta..., “¿otra vez me meterán el dedo en la boca?”; y ellos siguen explicando después de analizar en su poltrona cuál es el discurso más coherente para convencernos. Bienvenido 2026.
*Escritora.

