El tiempo pasa rápido. Ahora más que nunca. Sorprendentes adelantos tecnológicos nos hacen sentir en un universo de vértigo. Todo parece ser instantáneo. Todo parece estar a la vuelta de la esquina. Sin embargo, hasta 2023 y por algo más de una década, el tiempo parecía detenido en la administración distrital. Una atmósfera casi paralizante invadía la disposición pública. Ese aire enrarecido por la dejadez logró extenderse por el territorio local hasta sumergir a la gente en la aceptación de la negación. La certeza del no se puede, esa lógica de la parálisis, la cultura de la inacción, estaba zurcida a gobiernos momentáneos nacidos de una profunda crisis política que sumió a la ciudad en el hazme reír nacional

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Javier Ramos ZambranoEl desvarío llevó a los cartageneros a buscar un liderazgo capaz de cambiar una realidad que los sumía en desesperación. En las elecciones de 2019 las preferencias de los votantes se inclinaron por alguien que había ejercido como veedor ciudadano, residía en el exterior y prometía cambiar el atraso combatiendo la corrupción. La apuesta no fue afortunada. Al cabo de los cuatro años de mandato la ciudad estaba peor que antes.
Al borde de la desesperanza, los ciudadanos fueron otra vez a las urnas en 2023. Escogieron una propuesta que ofrecía transformar la ciudad y con ello la suerte de sus habitantes, con obras de impacto. El próximo 1 de enero se cumplen dos años de la llegada de Dumek Turbay al gobierno de la ciudad. ¿Se entró en un transcurrir vertiginoso? ¿Se está experimentando un cambio de paradigma frente a la inacción? ¿Qué tanto de lo prometido se ha cumplido?
El propio alcalde ha dado respuesta a estos y otros interrogantes. Ha dicho que regresó la confianza. Retornó el orgullo. Que en dos años se ha invertido y realizado en infraestructura lo que no se hizo en mucho tiempo. Más de 35 kilómetros de vías, colegios nuevos y renovados, parques rescatados del olvido, espacios dignos para deportistas. En construcción el Gran Malecón del Mar que revolucionará el turismo y el urbanismo. Para optimizar la movilidad, intercambiadores viales en La Carolina y Ternera. Es necesario constatar. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Turbay asegura que lo mejor está por venir. Insiste en transformar a Cartagena en superciudad. Hace meses escribí que, para lograrlo, se necesitarán superciudadanos. El mandatario sabe que es imperativo. Con ciudadanos apagados el cambio será más lento, o no será. Si gana su apuesta, regresará para festejar, gobernando, 500 años de historia.
