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Columna

Lista de deseos de Bocala para el Niño Dios

“Ojalá el Niño Dios nos traiga no solo obras, sino orden, presencia institucional y una gestión cercana a la realidad cotidiana de los barrios; porque cuidar lo grande empieza por atender lo pequeño”.

Andrés Rico Rivera

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Diciembre es tiempo de análisis, proyecciones y balances, pero también de deseos. En BOCALA creemos que la mejor manera de cerrar el año es hablando con franqueza, reconociendo los avances y señalando, con respeto pero con firmeza, aquello que sigue siendo una deuda con nuestros barrios. Esta es, entonces, nuestra lista de deseos para el Niño Dios: una carta abierta que nace del amor por Bocagrande, Castillogrande y El Laguito, y del anhelo de verlos ordenados, protegidos y dignos para quienes los habitamos.

Es justo comenzar reconociendo que la actual administración distrital ha mostrado interés en atender problemas históricos de infraestructura. La reciente adjudicación de la Avenida Chile es una noticia que genera esperanza: una obra largamente esperada que permitirá proteger la península de la intrusión de mareas y mejorar de manera significativa el drenaje de las aguas lluvias, una necesidad evidente en cada temporada invernal. De igual forma, proyectos como el Parque Flánagan y otras intervenciones urbanas apuntan a recuperar espacios para el disfrute ciudadano y a mejorar la calidad de vida en la zona.

Sin embargo, así como se avanza en las grandes obras, persisten deudas profundas en lo que llamamos la ‘microgestión’, esa gestión diaria y constante que hace la diferencia en el orden, la convivencia y la tranquilidad de un barrio. Allí es donde sentimos que el Distrito aún nos queda debiendo.

El mal uso del espacio público sigue siendo uno de los principales problemas. Locales y negocios que, sin control efectivo, se han apropiado de antejardines y parqueaderos para extender sus áreas comerciales, reduciendo el espacio peatonal, afectando la movilidad y deteriorando la imagen urbana. No se trata de ir en contra del comercio, sino de poner límites claros y hacer cumplir las normas para que el interés privado no prevalezca sobre el bienestar colectivo.

A esto se suma la compleja situación de las personas en condición de calle, que requiere una atención integral, humana y sostenida, y no simples operativos temporales que trasladan el problema de una esquina a otra. Bocagrande, Castillogrande y El Laguito necesitan presencia institucional permanente, con soluciones sociales reales y articuladas.

Otro punto crítico, que pensamos se solucionaría con la expedición del decreto que metía en cintura a las chivas turísticas, es el desorden generado porque circulan por vías prohibidas, con música a alto volumen, afectando la tranquilidad de un sector residencial que merece descanso y respeto. El turismo no puede seguir desarrollándose a costa de la calidad de vida de los residentes.

La educación vial y la movilidad también hacen parte de nuestros deseos. Es urgente la presencia constante de agentes de tránsito en el barrio, que ayuden a ordenar el tráfico, sancionar infracciones y promover una cultura de respeto por las normas. No basta con aparecer en operativos esporádicos; la vigilancia debe ser permanente y visible.

Y, como el mayor de nuestros deseos, pedimos la culminación del proyecto de protección costera. No es solo una obra de infraestructura: es una garantía de futuro. Sin una protección integral de nuestras costas, cualquier otro esfuerzo se vuelve frágil y temporal. La defensa del borde costero es una prioridad que no admite más aplazamientos.

Esta no es una carta de reproches, sino de esperanza. Desde BOCALA creemos que Cartagena puede y debe hacerlo mejor, también en los detalles. Ojalá el Niño Dios nos traiga no solo obras, sino orden, presencia institucional y una gestión cercana a la realidad cotidiana de los barrios; porque cuidar lo grande empieza por atender lo pequeño.

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