comscore
Columna

Negar la evidencia

“Se podría decir que la ciencia no es ajena a los sesgos ideológicos y que siempre se han presentado tendencias contrarias...”.

Jaime Bonet

Compartir

En días pasados el Estado de Florida eliminó la obligatoriedad de la aplicación de las vacunas. Contra toda la evidencia médica de los beneficios que trae para la salud, las autoridades argumentaron que nadie debe decirle a otra persona qué debe introducirle a su cuerpo y terminaron comparando la vacunación con la esclavitud. Este es un ejemplo de la actual tendencia a negar la evidencia solo por ideología o visiones cosmológicas del mundo.

En temas económicos se tiende a rechazar ciertas recomendaciones para un país porque en otro han optado por políticas alternativas que han dado resultado. Como si las políticas públicas pudiesen trasladarse de un país a otro, desconociendo que una estrategia puede ser exitosa en unas condiciones específicas que no son fácilmente replicables en otro lugar.

Detrás está el hecho de que ciertos grupos rechazan aquellas propuestas contrarias a su ideología. Abogan por replicar ciertas políticas adoptadas en países afines a su visión del mundo y, por supuesto, no aceptan las que se aplican en aquellos que tienen una ideología contraria. Al final, es el conocimiento científico adaptado a sus preferencias.

Se podría decir que la ciencia no es ajena a los sesgos ideológicos y que siempre se han presentado tendencias contrarias. Eso es cierto, pero ahora existe la política de la cancelación de aquellos que no piensen igual que uno. Las redes sociales aumentan esta tendencia y terminamos metidos en el mundo que los algoritmos de las distintas plataformas nos diseñan, con poca exposición a la divergencia.

Esta tendencia ideológica a negar la evidencia se refuerza por la narrativa que domina la política pública. Más que pensar en construirla a partir de la evidencia, los funcionarios se concentran en elaborar los relatos que les permitan mantener su popularidad. Eso implica que son muy importantes los equipos de comunicaciones, incluyendo los que manejan sus redes sociales y trabajan permanentemente en la creación de contenido. Esa narrativa domina la opinión pública y complica aún más la divulgación del conocimiento científico.

Si bien los científicos en general son malos comunicando los resultados de las investigaciones, la situación actual tiende a complejizarse ante la avalancha de creadores de contenido superfluo que abundan en las redes. Captar la atención del público con temas académicos es más difícil en la actualidad.

Estas tendencias deberían obligar a los académicos a incorporar estrategias de divulgación para las redes con el fin de dar a conocer los resultados de sus investigaciones, de tal forma que les permita influir en las políticas públicas y en la narrativa actual. No es una tarea fácil porque no es un terreno donde los investigadores se sientan cómodos y para lo cual hay poca demanda por parte de la población.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News