Cuánto quisiéramos que Cartagena no tuviera tanta gente en pobreza, que el trabajo abundara, que el servicio de salud trajera satisfacción, que la movilidad fluyera, que la inseguridad desapareciera, que los niños tuvieran educación y comida garantizada desde su más tierna edad, que la informalidad fuera mínima, el respeto norma, que el agua y la energía eléctrica estuvieran siempre, que el medioambiente estuviera sano, que las inundaciones cesaran para siempre.
Desafortunadamente no es así. La ciudad acumuló sus males desde tiempos remotos y los exacerbó en la década perdida, a partir del 2012. Para salir del embrollo se requiere una proeza. Con la llegada del alcalde Dumek Turbay vemos luz al final del túnel. Las cosas han comenzado a cambiar. Se trabaja con visión de futuro, decisión, entereza. Lo logrado en dos años es notable, estimulante, esperanzador. Marca el inicio de la gran transformación que se necesita para que la ciudad tome un nuevo rumbo. Pero se precisarán años de esfuerzo sostenido desde el gobierno de la ciudad, líderes comprometidos, una comunidad que exija y se exija en el compromiso de hacer realidad el sueño de tener otra Cartagena. Dinámica, equitativa, sostenible. Faro en el Caribe. No será entonces el milagro de un alcalde lo que devuelva la grandeza a la ciudad, sino un grande esfuerzo colectivo guiado desde el palacio de la Aduana.
El propio Turbay lo aseguró en el panel Los proyectos que revolucionan la vida de Cartagena. Allí dijo: “Estamos viviendo una etapa de desarrollo como nunca antes gracias a la fuerza de nuestra gente”.
Y aun así, lo que se ha logrado, siendo mucho, puede ser poco ante el cúmulo de necesidades que se fueron convirtiendo en rémoras de atraso en una ciudad que se había acostumbrado a nadar sin rumbo. Ojalá que los próximos alcaldes tengan la visión, la acción, el coraje y la decisión política de Turbay para no desviar el sendero que se le ha trazado a Cartagena, con miras a conquistar un buen futuro.
Como decía al principio, todos quisiéramos que el cambio fuera mucho más acelerado. Que el avance social alcanzara los máximos guarismos, que Cartagena solo acumulara bienestar. Enmarcado en la necesidad de cambio, ese anhelo no se logra en corto tiempo. Aun así, nadie puede negar que se marcha por el camino indicado. Que se han invertido cuantiosos recursos en obras tangibles. Que la ciudad se está transformando. ¿Hay todavía hay muchos retos que vencer? Por supuesto. Pero, como dice el refrán: “con paciencia, piojo, que la noche es larga”.

