Esta es una pregunta perenne de la ciencia política. Maquiavelo planteó en ‘El príncipe’ que el gobernante debía estar dispuesto a usar medios poco virtuosos si con ellos aseguraba la estabilidad y el poder. Desde entonces, la tensión entre fines nobles y medios cuestionables no ha perdido vigencia; por el contrario, nos interpela constantemente: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para lograr objetivos políticos que consideramos justos, como la garantía efectiva de los derechos humanos, de las comunidades y los territorios?
La pregunta es crucial porque, en la práctica, con frecuencia se responde afirmativamente: el fin justificaría los medios; pero el costo de esa decisión puede ser enorme.
La elección de Gustavo Petro en 2022 ejemplifica esta paradoja. Su estrategia electoral se apoyó en alianzas con maquinarias políticas locales y regionales ampliamente cuestionadas por clientelismo, corrupción y hasta parapolítica. El cálculo parecía claro: llegar al poder para impulsar transformaciones progresistas; sin embargo, el resultado ha sido ambiguo, pues esa alianza debilitó el respaldo legislativo para la agenda de reformas (buena parte del Congreso responde más a intereses de esas maquinarias -fortalecidas en elecciones regionales y locales-, que a un proyecto nacional de cambio).
Esta paradoja también se observa en los movimientos sociales. Las comunidades siguen denunciando prácticas similares entre sus propios liderazgos. Lideresas y líderes sociales con trayectorias admirables, al llegar a espacios de poder estatal, han incurrido en dinámicas clientelistas: usan recursos públicos para consolidar sus bases y aumentar las posibilidades de ser elegidos en cargos de representación popular. Lo que debería ser un avance histórico -el acceso de liderazgos comunitarios al Estado- termina ensombrecido por la reproducción de lógicas políticas que socavan la confianza social y frenan la transformación democrática que sus movimientos han reclamado durante años.
¿Es posible llegar al poder en Colombia sin caer en prácticas políticas dañinas? La respuesta aún no está clara, pero sí podemos afirmar que no habrá transformación real sin construir alternativas.
El fortalecimiento de la sociedad civil, la profundización de la deliberación ciudadana, la apuesta sostenida por medios de comunicación regionales y comunitarios, y el uso estratégico de los mecanismos de participación son caminos posibles. Se trata de crear un andamiaje social y democrático que permita a los proyectos políticos llegar al poder sin tener que negociar con los viejos vicios de la política tradicional.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesor de la Escuela de Negocios, Leyes y Sociedad, UTB.