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Columna

Rol estratégico

“En Cartagena, se realizará el próximo 4 de septiembre el Foro El Rol Estratégico de la Comunicación...”.

Jackeline Pájaro López

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Desinformación, el dolor que padece la sociedad y las organizaciones; desinformación que incomoda, que genera efectos negativos, que nos dificulta avanzar y conectarnos como humanidad. Más allá de los estudios que ubican la desinformación en los primeros lugares de riesgo para empresas y gobiernos, pensar que las acciones que emprendamos hoy serán las únicas que garanticen que estas estadísticas cambien, nos debe invitar a ubicar la comunicación en el lugar de la agenda que corresponde.

Cada vez es más evidente la necesidad de aprender todos a comunicarnos mejor y a construir esos vínculos que posibilitan las relaciones. El rol estratégico de la comunicación es también un elemento clave si queremos pensar y visionar un futuro más fraterno y próspero como humanidad.

Precisamente con ese firme propósito de potenciar la comunicación para transformar sociedad, en Cartagena, se realizará el próximo 4 de septiembre el Foro El Rol Estratégico de la Comunicación, iniciativa que surge desde el sector privado y que llega este año a su cuarta edición, reuniendo a líderes empresariales, comunicadores, periodistas, entre otros perfiles, para centrar la conversación en la gestión de la comunicación y la reputación como activos claves en la sostenibilidad de los negocios.

En un contexto que pareciera generar más incertidumbres que certezas, pero que con resiliencia debemos asumir para avanzar y construir un mañana esperanzador, gestionar de manera estratégica la comunicación es fundamental si queremos minimizar los efectos negativos que la desconfianza está generando en todos los estamentos de la sociedad.

La comunicación estratégica no se trata únicamente de transmitir mensajes claros, también de diseñar conversaciones que generen confianza y permitan que las organizaciones, los gobiernos y la ciudadanía encuentren puntos comunes. Comunicar estratégicamente es escuchar, interpretar y actuar; es reconocer que las palabras tienen un impacto profundo en las percepciones, en la reputación y en la legitimidad de cualquier institución.

Este compromiso con la buena comunicación no solo es necesario en Colombia, en donde atravesamos un presente complejo, sino que se vuelve indispensable en Latinoamérica, donde compartimos realidades muy parecidas, con sus matices, pero donde la falta de entendimiento nos resta posibilidades de desarrollo. En este escenario, el comunicador tiene una misión: ser un mediador que contribuya a generar confianza, a desmontar narrativas de miedo y a promover una cultura de diálogo que fortalezca tanto a las organizaciones como al tejido social.

Si queremos sociedades más fuertes y organizaciones sostenibles, debemos entender que la comunicación no es un accesorio, sino un eje de la gestión y del futuro que queremos construir.

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