Ver cine en Cartagena fue una actividad vespertina y nocturna. Sin techo casi todos los teatros, las condiciones se prestaban para el consumo de marihuana entre otros desmanes. Al respecto, la clase letrada se quejaba en la prensa. Donaldo Bossa Herazo se expresó así, el 15 de agosto de 1950 en El Universal:

La fractura de las capitales con el gobierno Petro
TATIANA VELÁSQUEZ“Si el Sr. Alcalde se diera una vuelta por la avenida del Pie de La Popa, vería lindezas. Por ejemplo, en los innumerables estanquillos que florecen a lo largo de dicha avenida -desde la esquina de la brisa hasta el caimán- vería, a toda hora del día y de la noche, grupos de ociosos, menores de edad en su mayoría, sujetos sin oficio conocido, pero que siempre disponen de dinero para jugar al billar, trasegar sus copas y... rendir culto a la nefasta yerba ‘verde, neumónica, canabis, índica -ex ‘babilónica’-, introducida a nuestro país, junto con las malas películas de Méjico, el Méjico falso de los ‘jorgenegretes’, los horribles corridos y los pésimos chistes cinematográficos”.
La fama de Jorge Negrete representa la desconfianza en el pueblo, como se evidencia en el testimonio de un consumidor capturado: “Queja de un marihuanero. ‘Soy cuadro de Negrete y se comete atropello conmigo’, dijo al ser capturado (...) dicho sujeto se dirigió al juez diciéndole: ‘Permítanme el teléfono que hoy voy a hablar con mi ‘cuadro’ Jorge Negrete, quien se encuentra en mi hotel, para que venga a responder por mi persona y se convenzan de que soy persona de bien y que todo lo que digo es cierto’” (El Universal, 26 de enero de 1957). La prensa registraba la venta de cigarrillos de marihuana en la entrada de los cines (El Universal, 9 de mayo de 1952); asaltos a las taquillas de los teatros El Diamante y El Caribe en el barrio Torices (El Universal, 28 de febrero de 1955); contra los revendedores de boletas (El Universal, 8 de junio de 1956); o, los destrozos que el público hizo en el Teatro Padilla por causa de un apagón (El Universal, 25 de mayo de 1955).
La oscuridad de la sala daba para todo. Había ‘áreas’ dentro y fuera de los cines para prender la hierba. La Junta de Censura de Espectáculos Públicos regañaba al público, en especial, sobre ciertos repertorios cabaretiles, como los ‘Big Bum Bang Sexi’, presentados en el Teatro Padilla desde mediados de siglo. Había quien se orinaba en las paredes; también, a gritos se advertía la tira de piedras y todo el público corría hacia las paredes; había sexo ocasional y hasta se celebraba el escándalo de pedos pedregosos.
El contraste a tanto desbarajuste acaece cuando se presenta ‘Cuando las colegialas pecan’ (1970), falso documental erótico proyectado en casi todos los cines de Cartagena. Ciertos testigos del barrio El Bosque aseguran haber visto jamás tanta gente en casto y severo silencio frente a la pantalla del Teatro Myriam. Dicen que nadie fumó por aquellos días.