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Llegó el final de Stranger Things: una historia de nunca acabar

El final de Stranger Things propone algo más que una despedida: enfrentar el dolor, sanar los miedos y entender que algunas historias nunca terminarán como queremos.

Llegó el final de Stranger Things: una historia de nunca acabar

Llegó el final de Stranger Things: una historia de nunca acabar. //Foto: Netflix.

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Era el 6 de noviembre de 1983 y en Hawkins lo más emocionante que pasaba era una partida de Calabozos y Dragones y una carrera en bicicleta antes del anochecer. Pero todo cambió la noche en que Will Byers desapareció. No hubo gritos ni sangre; solo un niño que no llegó a casa. Ese vacío fue suficiente para abrir una grieta en la realidad y, con ella, el universo de Stranger Things.

Desde el inicio, la serie dejó claro que su terror era íntimo. El miedo se coló entre luces que parpadeaban, paredes que respiraban y teléfonos sin respuesta. Hawkins dejó de ser un lugar seguro y se transformó en un territorio donde pasaban cosas extrañas, muy extrañas.

Mike, Dustin, Lucas y Will no eran héroes: eran niños raros, inteligentes y sensibles; unidos por no encajar del todo. Su amistad fue el corazón y el adhesivo de la historia. Buscar a Will fue su primer acto de valentía y también de rebeldía frente a un mundo que prefería esconder sus problemas. Lea: Los hermanos Duffer hablan del final de Stranger Things: ¿Por qué terminó así?

La llegada de Once reforzó esa idea: una niña criada en un laboratorio, convertida en experimento, privada de afecto e infancia y con poderes psíquicos que más que un don, eran la cicatriz de un abuso. Así, la serie expuso una de sus obsesiones centrales: el abuso del poder.

Stranger Things se estrenó en julio del 2016. //Foto: Netflix.
Stranger Things se estrenó en julio del 2016. //Foto: Netflix.

El verdadero rostro del mal

Cuando Will regresa en la segunda temporada, queda claro que volver no siempre significa sanar. Con la aparición del Mind Flayer, el terror deja de ser externo: ya no se trata solo de invadir Hawkins, sino de habitar cuerpos y mentes. Stranger Things empieza a hablar de traumas, abusos y rechazo.

Luego llega Max, la nueva adición del grupo. Una pequeña con una familia disfuncional y un hermano abusador; aferrada a la música y a los recuerdos. Su historia deja una idea clara: el verdadero miedo no es morir, sino perderse a uno mismo.

Durante varias entregas, la serie hizo creer que el Upside Down era el epicentro del mal, un mundo oscuro y hostil poblado por criaturas como el Demogorgon. Con el tiempo, esa lectura se profundizó: no era solo un territorio monstruoso, sino un reflejo distorsionado del mundo real, del trauma y del miedo.

La temporada final desmontó esa idea: nunca fue solo el Upside Down.

Existía una dimensión aún más profunda: la Dimensión X, el verdadero núcleo del horror. Allí estaban la guarida de Henry Creel (Vecna), los monstruos, los niños secuestrados y el Mind Flayer. Él no era solo una criatura poderosa, sino la verdadera encarnación del mal. Fue quien encontró a Henry, se alimentó de sus traumas y lo moldeó. Nos revelan que Vecna también fue tan solo una víctima.

Will y Vecna se enfrentan en la 5 temporada de Stranger Things. //Foto: Netflix.
Will y Vecna se enfrentan en la 5 temporada de Stranger Things. //Foto: Netflix.

El fin de una era

La temporada final cerró el círculo regresando al origen. Hawkins quedó fracturado, con grietas visibles entre mundos. El problema nunca fue solo abrir y cerrar portales, sino no afrontar lo que había dentro de ellos durante tanto tiempo.

Will volvió al centro de la historia. El niño que fue la primera víctima se reveló como la pieza clave del conflicto. Su conexión con el Upside Down nunca se rompió del todo. Ahora era poderoso, era el puente, la antena. La gran revelación fue profundamente humana: el mal siempre existe, pero unirse a él es una decisión. Henry eligió destruir; los protagonistas, usaron su dolor para salvar.

En esta última temporada, la batalla no fue solo física. Para enfrentarse a Vecna, cada personaje tuvo que mirar hacia adentro. Su poder era claro: meterse en la mente, usar los miedos más profundos, los recuerdos más dolorosos, paralizar desde la culpa.

Por eso, la única forma de enfrentarlo era sanando. Encarando lo que dolía y aceptándolo.

Will nos deja una gran enseñanza al finalmente admitir su orientación sexual. Los monstruos fueron derrotados. Incluso el propio Vecna enfrenta sus miedos al adentrarse en la cueva que tanto lo aterrorizaba. Sin embargo, cuando todo parecía encaminarse a un final feliz, llegó el golpe más duro.

Eleven entendió que la conexión entre mundos no podía cerrarse sin un precio. Y ese precio era el de su vida. Se quedó en el Upside Down para sellar el portal que ella misma había abierto y de pronto, el caos se detuvo. La destrucción cesó. Todo quedó reducido a simples escombros.

18 meses después

Hawkins volvió a la normalidad. El pueblo se reconstruyó. La gente sonrió. Los chicos se graduaron. Cada uno tomó un rumbo distinto. La vida continuó, aunque ya no era la misma.

Para cerrar, el grupo se reunió a jugar Calabozos y Dragones. Derrotaron al mago malvado. Y entonces Mike reveló la verdad, o más bien una nueva incógnita: ¿Once no murió?

Explicó que, antes de desaparecer, ella y su hermana Kali idearon un plan. Una ilusión. Un engaño, incluso para sus amigos. La Once que vieron morir no era real. Con la ayuda de un último hechizo logró ocultarse, escapar de la mano negra y desaparecer… o al menos eso queremos creer.

¿Dónde está? Nadie lo sabe. Mike dice que le gusta pensar que está en un lugar hermoso, lejos de todo, en paz.

No hay certezas. Solo esperanza.

Los créditos finales muestran algo inquietante: un cuaderno, o quizás un manual. Como una guía de juego. La cámara se aleja y revela la portada: Stranger Things, el juego. A su lado, un dado de Calabozos y Dragones.

Entonces la serie nos deja con su última pregunta: ¿fue todo real o solo un juego? ¿Un juego creado por Mike o por los hermanos Duffer? ¿En verdad pasó o fuimos simplemente engañados? Lea: Jamie Campbell de Stranger Things revela por qué no quiere ser villano otra vez

Nunca lo sabremos. Y así, a pesar de las incógnitas, Stranger Things cierra una vez más con más dudas que certezas. Su final es una puerta abierta a la interpretación, una historia que nunca termina y que, incluso después de su desenlace, sigue alimentando nuestra imaginación, invitándonos a crear teorías y a seguir indagando en nosotros mismos las verdaderas enseñanzas y aprendizajes de la serie que, durante 10 años, marcó a una generación y hoy llega a su final… o eso creemos.

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