Javier Ortiz Cassiani es uno de los grandes historiadores del Caribe colombiano y del país. Tiene el rigor del que descifra datos y documentos históricos y la gracia seductora del cronista a la hora de contar secretos de los intersticios de la historia. En el conversatorio ‘Riegos y fortalezas entre el historiador y el cronista’ en el Festival Cartagena Sílaba de Agua 2025, en diálogo con la historiadora Estela Simancas, confesó que no le tome a las subjetividades, porque las verdades están llenas de secretas subjetividades, inclusive los archivos y los relatos que narran los historiadores.
Ortiz Cassiani es Historiador de la Universidad de Cartagena con estudios de posgrado en la Universidad de los Andes y El Colegio de México. Autor de los libros “El incómodo color de la memoria” (Libros Malpensante), “Un diablo al que le llaman tren” (Fondo de Cultura Económica), “Bailar con las trompetas del apocalipsis” (Planeta) y “La Casa. Memorias, encuentros y diplomacia” (Cancillería de Colombia). Coautor de los libros “Desorden en la plaza: modernización y memoria urbana en Cartagena”, y “Los 50 días que hicieron a Colombia”. Con él conversamos para Facetas, y destacamos apartes de este encuentro:
- ¿Cuál ha sido el hecho histórico más difícil para ti a la hora de narrar?
He explorado temas relacionados con el hecho más doloroso de la historia de la humanidad que fue la diáspora forzosa de aproximadamente doce millones de personas sacadas del continente africano y traídos a América en condición de esclavizados, de modo que en términos generales ese sería el hecho más difícil de afrontar en mi proceso narrativo. Lea también: Homenaje al autor cartagenero Roberto Burgos: Javier Ortiz analiza sus obras
La esclavización es una máquina de deshumanización de manera que lo que buscan los esclavizados con sus acciones grandes o pequeñas es la recuperación de la humanidad. Hay un acontecimiento histórico ocurrido en Cartagena de Indias durante el período de la llamada reconquista española: la negra María Josefa Fernández, quien vivía en la población de Turbaco, parió en prisión en noviembre de 1815. Estaba en la cárcel porque había sido arrestada por las autoridades realistas acusada de expresar públicamente su repudio a los españoles sitiadores y su aprecio a las tropas patriotas de Simón Bolívar.
Según un documento que reposa en el Archivo General de Indias, varios testigos dijeron que María Josefa, cuando se refería a los ejércitos, decía que “mejores eran los de Bolívar, pues los españoles eran unos ladrones, y que llegando estos a su puerta a pedir agua, les daría solimán”, es decir, los envenenaría.
También fue acusada de apoyar a su marido Eugenio Dimas, condenado a ochos años de prisión, pues se le acusó de introducir víveres a la ciudad por el Cerro de la Popa, y de llevar y traer cartas y recados entre los sitiados y la población en extramuros. Luego encontré que Eugenio Dimas, en el trayecto de su traslado de Cartagena a Panamá como prisionero, saltó al agua desde la goleta que lo transportaba y nunca más se supo de él. Lea también: ‘El Indio Sinuano’, 50 años del vallenato protesta de Máximo Jiménez
La documentación es poca, pero permite mirar, más allá del hecho doloroso de una mujer que tiene que parir en la cárcel y de la prisión de un hombre que seguramente perdió la vida buscando la libertad, la capacidad de acción de estos sujetos pese a las condiciones de desventaja social. Ahora, a mí me interesa la dimensión humana no la construcción de héroes ni el desarrollo de historias maniqueas de héroes y villanos.
- ¿Qué sugieres como alternativa ante la tensa amenaza de intervención militar de EEUU en el Caribe?
Más que plantear alternativas existe la obligación de entender esto más allá de la producción masiva de contenidos tremendistas que circulan por las redes sociales y que se convirtieron en la enciclopedia de la gente. El Caribe, desde su construcción occidental, ha sido un espacio imperial.
Desde la llegada de los españoles, a finales del siglo XV y comienzos del XVI, se convirtió en un territorio en el que también fueron apareciendo todas las potencias europeas de entonces (Gran Bretaña, Francia, Holanda, Dinamarca…), de manera que esto lo hizo un escenario de disputas imperiales y todos los conflictos europeos tenía una versión en su mundo líquido y algunos, incluso, comenzaron aquí. Lea también: El Pinturero, el torero que iba a saltar en paracaídas en La Serrezuela y murió
Uno podría decir que el gran Caribe es la confirmación de la primera globalización. Creo firmemente que los que conocemos la historia del Caribe debemos poner ese conocimiento al servicio de las explicaciones que se necesitan para comprender el fenómeno actual, su relación con el pasado, de modo que la gente entienda lo compleja que es esta situación.
Lo que estamos viendo ahora es una visita a las formas del pasado y es obligación, más allá de las Corina Machado, los Maduros y los festivales literarios, poner esto en el centro del debate. Por supuesto, entiendo que los que viven una situación difícil en Venezuela, los que tuvieron que salir de su país aplaudan el proyecto de Trump y lo vean como una alternativa. Pero es importante aclarar que analizar cómo ha funcionado históricamente la presencia de los Estados Unidos en el Caribe y Latinoamérica no implica estar de acuerdo con el régimen de Venezuela, ni más faltaba, esos son reduccionismos producto de la polarización. Existe un compromiso con la ampliación del panorama. Lea también: La historia de Ismael Rivera, el Sonero Mayor, que dejó huella
- ¿En la búsqueda de una narrativa para contar la historia regional o nacional, qué riesgos asume el cronista y el historiador?
Primero estuvo la narración, porque primero estuvo el mito. Lo que necesitaba el ser humano era construirle el relato al mito y narrar la épica que era fundamental en la construcción de la identidad de los pueblos. La historia aparece como ejercicio profesional para darle fundamento a esas narraciones y darle sustento a través del archivo. Más que riesgos habría que decir que debemos estar atentos a la necesidad de renovar las preguntas que son las que dinamizan el archivo, en el sentido más amplio que podamos tener de este.

