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La historia de Ismael Rivera, el Sonero Mayor, que dejó huella

El investigador musical César Pagano publicó, en tercera edición, una biografía de “Ismael Rivera, El Sonero Mayor”. Un libro que recomendamos.

La historia de Ismael Rivera, el Sonero Mayor, que dejó huella

Ismael Rivera (1931-1987), según Tite Curet, fue el mejor sonero de la historia, por encima de Benny Moré. En la imagen, aparece su biógrafo César Pagano, autor además de “El Imperio de la salsa”. La imagen de Pagano es de Ricardo Rondón.

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No hay un día en Cartagena de Indias en que no suene Ismael Rivera. Los salseros de la ciudad van cada sábado a ver sus videos y a escuchar sus canciones ‘Donde Fidel Leottau’, la esquina del Portal de los Dulces donde la ciudad vive en su salsa. Los que llegan allí solo dicen: ¡Pónme a Maelo! Ya todos saben que se trata de Ismael Rivera: El Sonero Mayor (1931-1987), que parece más vivo que nunca, y no deja de cantar más allá de su muerte. Él cada vez que lo daban por muerto decía: “Algunos me creían muerto, pero qué va. Aquí estoy, ya llegué”.

Cuando uno entra al templo sonoro y al reino de soneros de Fidel Leottau, tiene la impresión de que en cualquier momento va a aparecer Ismael Rivera improvisando sones al caminar. Pero si suena una de sus 260 canciones, como ‘Quítate de la vía, Perico’, ‘Déjalo que suba’, ‘Con la punta del pie’, ‘Teresa’, ‘Oriza’, ‘El negro bembón’, ‘Tuntuneco’, ‘El chivo de la campana’, ‘El nazareno’, ‘Por qué me dejaste’, su versión de ‘El incomprendido’, de Bobby Capó, uno siente la melaza que se derrama en el aire, y sabe que ha llegado Ismael Rivera. Lea también: Quítate de la vía, Perico

La pasión del ‘Sonero’ empezó cuando era niño y limpiaba zapatos y pegaba ladrillos, trabajando junto a sus tíos albañiles y a su abuelo, que era contratista de construcción. Y en ese trabajo de la albañilería conoció a Rafael Cortijo. Todo el mundo era albañil en la Calle Calma, que no era ninguna calle en calma porque siempre estaban sonando los tambores. Al lado de esa calle estaba la Calle Tranquilidad, que, según el mismo Ismael, testimonio contado al escritor venezolano César Miguel Rondón, “era un barrio de bomba y plena muy encendidas. ¡El alboroto se lo pueden imaginar!”. Ese recuerdo es citado por César Pagano en su semblanza de Ismael Rivera.

Ismael Rivera, el Sonero Mayor, que dejó huella

Rafael Cortijo llegó muchas veces a buscar a Ismael, acompañado de un tambor, ante el malestar del abuelo que siempre que lo veía llegar sabía que tenía entre manos sacarlo de allí para que cantara, con la convicción de que Ismael era un cantante especial. El abuelo le decía: “Lo voy a botar a él y te voy a botar a ti también… que no te venga a buscar más. Ahí fue donde empezó todo”. Rafael terminó sacándolo de la albañilería.

A ese testimonio, Catalino Tite Curet Alonso complementó que “Rafael e Ismael se conocieron diez o doce años antes de que formaran el Combo. Eran pobres. Ismael era buen estudiante, pero la albañilería y la música tiraban más”. Cuenta César Pagano que Rafael Cortijo, músico natural y sin estudios académicos, fue quien revolucionó y modernizó la forma de tocar la bomba y la plena. Fue el mejor amigo de Ismael Rivera. Llenaba con intervenciones magistrales los huecos del ritmo en orquestas donde lo invitaran. Lea también: Canciones del Caribe que denuncian racismo, migración y desigualdad

Así acompañó a las Hermanas Sustache, Miguelito Miranda, Frank Madera, reforzaba los cueros a la Sonora Boricua de Daniel Santos, el conjunto de Miguel Matamoros y al legendario Benny Moré, precisa César Pagano. Fue en esa oportunidad cuando Ismael conoció a Benny Moré, y dijo a los cuatro vientos que El Bárbaro del Ritmo lo había bautizado El Sonero Mayor. Otros dicen que fue un locutor de radio, pero prevaleció la versión mítica del Benny Moré. Pero Tite Curet reafirmó que Ismael Rivera fue más grande que Benny Moré y lo definió como “el mejor sonero en la historia de la música afroantillana”.

¿Por qué Rafael Cortijo e Ismael Rivera fueron la dupla vertiginosa y exitosa en la música? Tite Curet vio que ellos no siguieron el camino tradicional de interpretar la bomba y la plena, que era con panderetas y coros, y cinco o siete pleneros, percusión y canto, en un formato folclórico. Rafael e Ismael encontraron otra forma estilizada de interpretarla como lo hacían las grandes orquestras de baile, como la Orquesta Siboney, Orquesta de Moncho Usera, la de Rafael Muñoz y César Concepción.

Ismael confesó al escritor César Miguel Rondón que en Puerto Rico se vivían muchos conflictos de segregación y discriminación, “Ese era el tiempo de la revolución de los negros en Puerto Rico… Roberto Clemente, Peruchín Cepeda, Romaní… entraron los negros a la universidad y ¡paff! Y salió Cortijo y su Combo acompañando esa hambre, ese movimiento”. No fue, según él, algo planeado, pero irrumpió con hambre, rabia y fuerza. Rafael Cortijo e Ismael Rivera conocieron el placer efímero de la gloria gracias al poder de su música, pero la trampa mortal de la adicción a las drogas detuvo el proceso creativo ascendente que los dos tenían dentro y fuera de Puerto Rico.

El 21 de marzo de 1962, de regreso de un viaje por Venezuela y Panamá, alguien alertó a las autoridades que los músicos llevaban droga, y los requisaron en el aeropuerto de Isla Verde. A Ismael le encontraron tres gramos y medio de cocaína, y lo condenaron a pagar 43 meses de prisión en la cárcel de Lexington, en Kentucky. Al regresar a su país, solo el pueblo pobre le apoyó y le dio ánimos para continuar en la música, mientras que la élite conservadora no lo bajó de delincuente, vago, vicioso, expresidiario, corruptor. Sus discos fueron saboteados e ignorados, lo que lo obligó forzosamente a exiliarse, cuenta César Pagano. Lea también: Muere el salsero Ismael Rivera Junior

Para Ismael, sonero era ser un “poeta del vulgo. El sonero tiene que hacer una historia de un coro que le hacen, sin salirse del tema. Tiene que usar las palabras que se están usando en la esquina”. El Sonero Mayor está más vivo que nunca, 94 años después de su natalicio y 38 años de su partida. Sigue vibrando, contando historias e invitándonos al goce supremo de seguir viviendo.

Por estos días acaba de salir una bella y documentada semblanza escrita por César Pagano: “Ismael Rivera, El Sonero Mayor” (2025), en su tercera edición ampliada. Es un libro extraordinario que contiene dos excelentes entrevistas. Una a Ismael Rivera, hijo, y a Ivelisse Rivera, hermana del músico. Y una discografía magistral de Ismael Rivera, realizada por Sergio Santana. El prólogo es del escritor e investigador Josean Ramos.

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