Originario de Bello y criado en el barrio Pedregal, al norte de Medellín, Ryan comenzó su carrera artística a los 17 años. Se subía a los buses de la ciudad para cantar y apoyar a su familia. Esa “escuela principal”, como él mismo la describe, le enseñó a conectar con un público inesperado y a desarrollar la confianza en su talento.
“Hasta el sol de hoy, esos fueron mis escenarios más importantes”, aseguró el artista en entrevista con la revista Rolling Stones, donde recuerda aquellos días en los que cada presentación era una oportunidad para perfeccionar su arte y ahorrar dinero para invertir en su sueño musical.
Con los ahorros reunidos tras innumerables jornadas como cantante callejero, Castro emprendió un viaje a Curazao para reunirse con su madre y explorar nuevas oportunidades. La llegada a la isla no trajo consigo promesas de éxito inmediato.
Durante el primer año vivió con su familia, pero pronto la independencia lo llevó a desempeñar diversos oficios, desde mesero en restaurantes hasta vigilante de seguridad. Durante cuatro años en Curazao, dos de ellos los dedicó a trabajar en turnos nocturnos, de ocho de la noche a seis de la mañana, todos los días.
Cada peso ganado tenía un destino claro: financiar la grabación de su música y mantener vivo su proyecto artístico. Lea: “Eso es mentira”: Ryan Castro niega remix con La Toxicosteña
La rutina como vigilante nocturno, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en una oportunidad para la creatividad. Castro aprovechaba las largas horas de vigilia para componer. “Para no perder el tiempo, les decía a mis amigos que me enviaran pistas, y toda la noche me la pasaba componiendo”, relató sobre aquellos turnos en los que, equipado con audífonos y determinación, daba forma a las canciones que más tarde resonarían en Colombia.
El silencio de la noche y la soledad del trabajo se convirtieron en aliados para pulir su estilo y consolidar su disciplina.

El ascenso hacia el éxito de Ryan Castro
Mientras continuaba con su rutina en Curazao, sus canciones comenzaron a ganar popularidad en Colombia. Lo que antes eran temas con apenas cincuenta mil reproducciones, pronto alcanzaron uno, dos y hasta tres millones de escuchas, todo ello sin promoción pagada.
El fenómeno creció de forma orgánica y, en poco tiempo, sus cifras escalaron a treinta millones de reproducciones. Este éxito le permitió regresar a su país natal, ya no como el cantante de buses, sino como una figura emergente de la música urbana.
La experiencia adquirida en Medellín y Curazao le otorgó una perspectiva única y una ética de trabajo que lo diferenciaron de otros artistas. La versatilidad se convirtió en una de sus señas de identidad: aunque su base es el reguetón, no dudó en incorporar salsa, merengue y dancehall a su repertorio.
Esta fusión de géneros y la apertura a nuevas influencias se reflejan en Sendé, su nuevo disco. El álbum representa una etapa de conexión profunda con su experiencia en Curazao y la cultura caribeña. Sendé incluye colaboraciones con artistas como Dongo, Jombriel y Koshens, y cuenta con canciones que han superado los 21 millones de oyentes en plataformas digitales.
Temas como Ba Ba Bad, junto a Kybba, Sean Paul y Busy Signal, evidencian la riqueza de ritmos latinos y la proyección internacional que ha alcanzado el artista.
Lecciones de vida de Ryan Castro
A lo largo de su trayectoria, Castro ha mantenido como lema la frase “la valentía de ayer, el éxito de hoy”, un recordatorio constante de que cada sacrificio y cada noche de trabajo han sido fundamentales para llegar a donde está. Lea: El reguetonero Ryan Castro conquista París: desfiló en la Semana de la Moda
Su historia demuestra que la constancia y la disciplina, incluso en los momentos más difíciles, pueden abrir el camino hacia logros que parecían inalcanzables.