El Son de Negro es una danza ancestral de raíz africana que permite comprender la historia del Caribe colombiano desde una perspectiva afrodescendiente. A través del cuerpo, el ritmo y la puesta en escena, esta manifestación narra procesos de resistencia frente a la colonización y preserva memorias que no aparecen en los relatos oficiales.
De origen guerrero y nacida en los palenques, la danza cumplió funciones de comunicación y liberación entre comunidades cimarronas. Hoy, resignificada como práctica de convivencia y construcción de paz en el Canal del Dique, el Son de Negro transmite mensajes de cuidado ambiental y respeto por la mujer, afirmándose como un lenguaje cultural que articula identidad, memoria y territorio.
Aunque tuvo un origen guerrero, hoy el Son de Negro se resignifica como una práctica constructora de paz, capaz de convivir con otras danzas en el territorio del Canal del Dique. Sus hacedores, pescadores y agricultores, transmiten mediante la danza un mensaje de respeto y cuidado del medio ambiente, la fauna, la flora y el agua, estrechamente ligados a su forma de vida.
Tradicionalmente masculina, la danza incorpora la figura de la Guillermina como representación simbólica de la mujer, protegida por los danzantes. Nacido en los palenques y en los contextos de la esclavización, el Son de Negro fue también una forma de comunicación y liberación, convirtiéndose en un lenguaje cultural que afirma identidad, memoria y territorio.
Después de años de trabajo sostenido entre archivos, territorios y comunidades, ve la luz Son de Negro, ¡vive!, un libro que recoge más de una década de investigación académica dedicada a una de las manifestaciones afrodescendientes más significativas del Caribe colombiano. Publicada por la Universidad del Norte, la obra se sumerge en el universo cultural del Son de Negro del Canal del Dique, presentándolo como una expresión viva donde se entrecruzan historia, identidad colectiva y sentido de dignidad cultural.
El libro surge de un proceso investigativo colectivo que articula distintos campos del conocimiento y experiencias complementarias. Bajo la coordinación de Luis Ricardo Navarro Díaz, el proyecto integra el saber práctico y la memoria viva de Francisco Javier Saravia, hacedor de la tradición; la lectura histórica de Tomás Caballero Truyol; y el enfoque social y metodológico de Diana Luz Barrios Márquez. Esta convergencia de miradas construye una aproximación sólida, que equilibra exigencia académica y reconocimiento de los saberes locales.
La obra trasciende el carácter meramente descriptivo para proponer una lectura crítica y participativa del Son de Negro. La danza es entendida como un espacio de producción simbólica donde se activan memorias, se consolidan identidades y se fortalecen procesos de afirmación comunitaria. El canto, el movimiento y la escenificación aparecen como formas de lenguaje que han acompañado históricamente la resistencia cultural y la construcción de vínculos sociales en contextos de exclusión.
Estructurado en cinco capítulos, el libro desarrolla un recorrido analítico de múltiples niveles.
Inicia con una revisión histórica que sitúa el surgimiento del Son de Negro en el periodo colonial y sigue su transformación hasta el siglo XX; avanza hacia una interpretación de sus códigos simbólicos, gestuales y corporales; y concede un lugar protagónico a las voces de los propios hacedores, asumidas como pilares del conocimiento construido.
El contenido se alimenta del trabajo de campo y de la escucha activa de las comunidades, recuperando saberes transmitidos a lo largo de generaciones. Los significados asociados al Son de Negro se vinculan con aspectos esenciales de la vida colectiva, como la relación con la naturaleza, las prácticas de educación popular, la soberanía alimentaria y las formas comunitarias de organización y cuidado.
En el cruce entre investigación universitaria y conocimiento ancestral, Son de Negro, ¡vive! plantea otras maneras de pensar la producción de saber, reconociendo la validez de las epistemologías propias del territorio. Desde el Caribe afrodescendiente, la danza es presentada como un espacio donde el cuerpo conserva memoria, el sonido narra historias y la cultura se afirma como experiencia de permanencia.
El libro es, además, un reconocimiento a los hombres y mujeres que han sostenido esta tradición, declarada en 2025 patrimonio histórico, étnico y cultural de la nación. Lejos de ser un ejercicio de archivo, la obra reafirma la vigencia del Son de Negro como una expresión que se mantiene activa en el presente y proyectada hacia el futuro.
Para el lector, señala el director del proyecto, Luis Ricardo Navarro Díaz —doctor en Ciencias Sociales, magíster en Comunicación y docente de posgrado—, el libro ofrece una sistematización rigurosa de historias, cantos, símbolos y memorias vinculadas al Son de Negro, sin desplazar la voz de las comunidades. En sus páginas se revela el sentido profundo que esta manifestación tiene para los pueblos del Canal del Dique, en Bolívar y Atlántico: una forma de resistencia cultural, de respeto por la vida, de afirmación de las luchas afro y cimarronas, y de construcción de soberanía, autonomía alimentaria y vínculos históricos con la pesca y la agricultura.

