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Cultural

Un retrato parcializado: Sobre Shunkin (1933) de Tanizaki Junichiro

Esta obra del célebre autor japonés es un pequeño estudio sobre cuán extremadamente subjetiva puede llegar a ser nuestra memoria.

Un retrato parcializado: Sobre Shunkin (1933) de Tanizaki Junichiro

Sobre Shunkin ha sido adaptada al cine en muchas ocasiones. Este póster corresponde a una versión de 1954, titulada Shunking monogatari o “La historia de Shunkin”.

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“Se llamaba Shunkin, aunque su verdadero nombre era Mozuya Koto. Nacida en el barrio de Dosho Machi, en Osaka, en el seno de una familia de farmacéuticos, había fallecido el día 14 de octubre del año 19 de Meiji [1886]. Su tumba se hallaba en un templo perteneciente a la escuela budista Jodo”: ese es el comienzo de Sobre Shunkin. Inmediatamente, el lector se puede preguntar si está frente a una novela, o una memoria o una entrada de enciclopedia. “Por supuesto que es una novela, se vende como literatura y la escribió un reconocido literato”, dirán. Y, sin embargo, como lo nota Stephen Dodd, citando a Mizumura Minae, aún hay lectores que llegan a los templos de Osaka, inquiriendo si acaso existirá la tumba de la susodicha y de su fiel sirviente y compañero, Nukui Sasuke, luego llamado “Kindai”, quien fue enterrado en el mismo templo.

Confundir la distinción entre literatura y realidad es una técnica de vieja data; Cervantes, Borges y muchos otros lo han hecho. Tanizaki Junichiro nos da fechas, nos da lugares reales, menciona los nombres de personas reales y cita fuentes (ficticias) para dar la impresión de que Shunkin y Sasuke existieron de verdad. Su intención no es engañar, sino explorar nuestra capacidad para el autoengaño a través de una historia.

Póster de la adaptación de 1976, titulada Shunkinsho, el título de la novela en japonés
Póster de la adaptación de 1976, titulada Shunkinsho, el título de la novela en japonés

Dicha historia se trata de Mozuya Koto, seudónimo “Shunkin”, una tocadora de samisén ciega; de su sirviente y lazarillo, Nukui Sasuke, y de su relación, que comienza desde la infancia. Shunkin es orgullosa y maltratadora, pero la riqueza de su familia, su talento musical, su belleza y su discapacidad hacen que muchas personas estén dispuestas a mirar al otro lado o acaben impotentes a la hora de corregirla. Sasuke está enamorado de su señora y dedicado a ella a más no poder, sentimiento que empieza a cultivarse desde el momento en que ella lo convierte en su discípulo en el arte del samisén, teniendo ambos 10 y 14 años, respectivamente.

Desde el comienzo, la relación entre Shunkin y Sasuke es abusiva y otros personajes la cuestionan; sus comentarios evidencian no solo preocupación por el muchacho, sino también la idiosincrasia japonesa de antaño. Los padres de la niña y otros sirvientes afirman que “es terrible hacerle eso a un muchacho” e “impropio de una señorita”, que “insultar o golpear a un discípulo es una actitud que solo corresponde a un maestro” y que Shunkin no será una gran artista si persiste en su “arrogancia”.

De adultos, Shunkin sigue siendo mezquina, orgullosa y violenta, pero no soporta que nadie aparte de Sasuke la ayude en sus quehaceres. Aunque tienen hijos (entregados a otras familias porque ella no está dispuesta a reconocerlos), jamás llegan a casarse ni a formalizar una relación amorosa. Sasuke, por su parte, termina de aprender el samisén y ayudan a su señora a administrar las lecciones de música que imparte, pues es una artista muy admirada. Además, la defiende de las acusaciones de mal comportamiento: “Fue ella quien siempre se mostró piadosa conmigo”, dice.

La vida de Shunkin da un giro completo cuando un asaltante anónimo va a su casa durante la noche y derrama una tetera de agua hirviendo sobre su rostro, desfigurándola por completo. A pesar de que es ciega, su hermosura está en boca de todos y es una de las razones de su orgullo. Cuando revela a Sasuke que la acongoja la idea de que él en particular vea su cara cicatrizada, él llega al extremo de cegarse así mismo. La vida de ambos se vuelve más tranquila a partir de entonces. Shunkin modula más su comportamiento, usa un velo y no vuelve a mostrarse en público durante el resto de su vida. Sasuke se vuelve maestro de samisén, tiene éxito en esta ocupación y se vuelve aún más servil. Para llevar a cabo sus tareas, ambos reciben la ayuda de una de las aprendices de Shunkin, Shigisawa Teru.

Póster de la adaptación de 2008.
Póster de la adaptación de 2008.

Tanizaki había abordado escenarios similares en “Los pies de Fumiko” (1919) e Historia de un ciego(1931), que también trataban de hombres sumisos y mujeres desdeñosas. El primero es un cuento y el segundo una novela al estilo de una crónica. Sobre Shunkinse diferencia de ambos al tener un énfasis mucho más marcado en crear un perfil psicológico minucioso de sus personajes y en el hecho de que la relación focal abarca un periodo mucho más largo.

La novela está narrada por alguien que vive tiempo después de ocurridos los hechos y no conoció a sus personajes, un visitante del templo donde yacen enterrados. Sus fuentes principales para reconstruir aquellas vidas son la única fotografía de la susodicha, el testimonio de Shigisawa Teru y el texto “La vida de Mozuya Shunkin”, que probablemente fuera comisionado por Sasuke, así como los comentarios de otros habitantes de Osaka.

No es una voz imparcial: coteja, juzga y pone en duda lo que le dicen, se da a la especulación dentro de lo razonable y saca conclusiones con base en lo que sabe de la época. Por ejemplo, su comentario sobre la tendencia de Shunkin a recurrir al castigo corporal con Sasuke con y con sus alumnos, algo que heredó de su propio maestro de samisén (quien no la trataba así a ella debido a la posición acomodada de su familia), es el siguiente:

En mi opinión, la razón por la que tan a menudo las lecciones de Shunkin traspasaban los límites de la enseñanza y terminaban con crueles castigos corporales […] estaba relacionada de alguna manera con el concepto que de su propia profesionalidad tenía la maestra. Es decir, en tanto la sociedad y sus propios discípulos condescendían con este tipo de comportamiento, cuanto más lo practicaba, se sentía mejor profesional […]

En consecuencia con su papel de investigador y biógrafo, el narrador no es omnisciente. Hay lagunas importantes que él nunca logra desentrañar sobre eventos que moldean el destino de ambos protagonistas, siendo la más notable de ellas la identidad del atacante de Shunkin. Lo único que logra decir con plena seguridad sobre ese evento es que debió ser en retaliación por el comportamiento de la joven en su vida diaria y como maestra (eso sí, Sasuke queda descartado como perpetrador).

A pesar de eso, el papel del narrador es vital para determinar el tipo de relato frente al que estamos: sus comentarios y descubrimientos ponen en entredicho el texto supervisado por Sasuke, quien buscara mejorar la imagen de quien admiraba “como si de un dios viviente se tratase”. El fiel sirviente, por ejemplo, no es capaz de admitir en la biografía que su ama fue deformada y que él mismo se cegó; la única que conoce la verdad es Teru y ella lo comunica al visitante curioso.

El retrato que emerge de esta investigación es el de una relación malsana y extraña, llena de contradicciones, que no logra la “felicidad” sino hasta que el comportamiento de Shunkin tiene consecuencias sobre su persona y Sasuke puede permanecer como sirviente sin ser agredido como antes. Y sin embargo, parece que él aún conservaba afecto por el ama ruda de antaño, al tiempo que intenta figurarse una Shunkin menos grosera de lo que realmente fue. “El ciego había evitado afrontar la realidad y se había aferrado a la idea eterna e inmutable que de ella tenía”, comenta el narrador.

El trato de Shunkin convierte a Sasuke en un hombre que se miente a sí mismo y a los lectores, que se disminuye para enaltecer a otra persona que no se merecía su afecto, que incluso parece haber desarrollado un grado de masoquismo, que se contenta con sentir que una persona tan intransigente lo necesita. El relato cierra con las palabras de un monje que evalúa positivamente las acciones y la actitud de Sasuke, seguidas de una pregunta del narrador: “¿estáis de acuerdo o no con el monje?”. Asimismo, me permito yo preguntarles, entrometiéndome con ustedes como el narrador se entromete con nuestra realidad: ¿no es así, con algo o mucho de autonegación, como tendemos a ver a los que amamos, para bien y para mal?

Obras consultadas

Dodd, Stephen. (2012). “History in the making: The negotiation of history and fiction in Tanizaki Junichiro’s Shunkinsho”. Japan Review, 24. 151-168.

Tanizaki, Junichiro. (1919). “Los pies de Fumiko” [Trad. Akihiro Yano & Twiggy Hirota]. Cuentos de Amor. Editorial Alfaguara.

Tanizaki, Junichiro. (1931). Historia de un ciego[Trad. Aiga Sakamoto]. Satori Ediciones.

Tanizaki, Junichiro. (1933). Sobre Shunkin[Trad. Aiga Sakamoto]. Satori Ediciones.

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