El asteroide Bennu es una mezcla de materiales que se originaron tanto en nuestro sistema solar como en otras estrellas, moldeados durante miles de millones de años por el agua y el duro entorno espacial.
En 2020, la misión OSIRIS-REx de la NASA recogió muestras de Bennu y tres años después, durante su paso por la Tierra, liberó una cápsula con 120 gramos de material, ahora analizado por equipos internacionales coordinados por la Universidad de Arizona. Lea: Esto halló la NASA al abrir por completo el cofre llegado de Bennu
Los resultados, publicados en Nature Astronomy y Nature Geoscience, revelan que Bennu procede de un asteroide “padre” que se formó hace más de 4.000 millones de años, en plena gestación del sistema solar, y que posteriormente se fragmentó y reensambló tras múltiples colisiones.
Los científicos hallaron polvo estelar anterior al nacimiento del sistema solar, material orgánico interestelar y minerales formados cerca del Sol. Todo ello convierte a Bennu en un registro único de los orígenes cósmicos.

Además, las muestras muestran similitudes con las de Ryugu, estudiado por la misión japonesa Hayabusa2, y con meteoritos primitivos hallados en la Tierra, lo que sugiere que estos asteroides comparten un origen común.
“Padre” del asteroide Bennu tenía hielo en su interior
Los análisis también confirman que el asteroide progenitor acumuló abundante hielo, que se derritió por el calor interno y provocó procesos hidrotermales que transformaron los minerales. Cerca del 80% de las muestras contienen agua atrapada en su interior desde hace miles de millones de años. Lea: Éxito histórico: NASA trajo muestras del asteroide Bennu por primera vez
Finalmente, los impactos de micrometeoritos y el viento solar, al carecer Bennu de atmósfera, modificaron aún más su superficie, completando una historia de formación, transformación y supervivencia que ayuda a entender cómo se gestó nuestro sistema solar.